La crisis, la ignorancia y los pendejos

EDITORIAL

El mayor ignorante es el que demuestra serlo pero está convencido de que no lo es. Y construye algo más que una ignorancia colectiva cuando se le suman confusos o ingenuos con conocimiento, ponderando un círculo vicioso sostenido entonces, por una teoría ilustrada de ignorancia que insulta sus propias capacidades; caso que ocurre con la tensión y polarización de Cartagena, que se enfrasca y desvía el importante tema cuidado de la pandemia hacia una discusión política que nada tiene que ver y que nada resolverá.

Lo más inteligible sería que los administradores y ese círculo de vicio y avaricia cercano, además de hacer su trabajo de gobierno, en vez de hundir cada vez más a los ciudadanos traten de sacarlos de ese espacio envenenado, pues son los actores que no en todos los casos por ignorancia sino por sentimientos de odio y pasión se manipulan, y no es adecuada la tensión en situaciones como esta. Pero cuando la incompetencia, la ineptitud y la ignorancia superan hasta el sentido común, se crean escenarios como el que vive hoy la ciudad heroica, que atraviesa una crisis que su propio alcalde causó con la arrogancia populista, el desconocimiento y el delirio de poder como bandera.

El manto del odio en el discurso del alcalde, hace confundir a muchas personas su insolencia con una valiente lucha anticorrupción, eso agrava más la crisis, porque buscan en la política una cortina de humo para tapar la grave situación de la pandemia, y los incautos y confundidos le siguen el juego respaldando sus dispersiones y desaciertos aun en medio de la muerte. 

El mayor daño que le hacen no solo al alcalde sino a toda la ciudad, es ayudar al mandatario a creer que hace las cosas bien, cuando son testigos de que todo lo está haciendo mal, al punto que la situación hace tiempo se le salió de las manos, solo por negarse a seguir recomendaciones y acoger las propuestas de las autoridades de salud, que nada tenían que ver con política. La situación es y seguirá siendo catastrófica y mortal, eso ocurre cuando se endiosan ignorantes y se prefiere rebuscar cualquier excusa para justificar la ineptitud, solo para no reconocer los errores y congeniar con algo que reconocen malo, pero quieren hacerlo concebir como bueno aunque no se convenzan ni así mismos.

Mientras la ciencia y la medicina buscan salidas y los gobiernos decretan aislamientos obligatorios, en Cartagena lamentablemente la estrategia de promoción de la salud y prevención de la enfermedad, se trasladó a la experta frase que seguro ganará un Nobel de Medicina “dejen de pendejear”, dicha con el arrogante y ridículo populismo del alcalde en un tono de burla y sarcasmo, dejando de lado la heterogeneidad social, la irreverencia, la rebeldía, el hambre y necesidad de muchos sectores que quizás no son culpables de sus condiciones, pero insisten en justificar semejante pifia con el «sálvese quien pueda», dicho en otras palabras, “cada quien es responsable de sí mismo y de su familia”, quizás tengan algo de razón, el cuidado de las familias empieza por sí mismas, pero la responsabilidad ciudadana no puede ser un método para evadir la responsabilidad administrativa, ni mucho menos para anularla, pues si son esas las reglas del juego, entonces, no vale la pena que existan medidas para el cuidado de la población, promover esa máxima como excusa es un irresponsable llamado al irrespeto institucional y a que cada quien haga lo que quiera según considere.

Los ciudadanos estan llamados a dejar de lado la discusión y la cortina política, y a no hacer parte del círculo vicioso y preocuparse más bien por exigir gestión y soluciones concretas en esta crisis por el bien de la ciudad, de lo contrario seguirán muriendo como moscas mientras celebran los que se hacen los pendejos.

Un comentario sobre «La crisis, la ignorancia y los pendejos»

  1. Es el segundo editorial donde el portal insinúa que todo aquel que esté a favor o apoye la actual administración Distrital es un ignorante, y la insistencia permanente en la utilización del término deja la sensación al lector que el autor del mismo guarda cierto rencor o siente un aborrecimiento o resentimiento hacia este grupo de personas.

    Sé que hay muchos cartageneros que, muy a pesar de reconocer y aceptar los errores en que ha venido incurriendo el mandatario, aún depositan su granito de confianza en este y esperan que vaya moldeando su carácter para que asuma en debida forma la responsabilidad y el papel histórico que tiene en sus manos y no por ello deben ser considerados unos incautos o confundidos, como insinúa el editorial.

    Se puede dejar sentada una posición sin tener que recurrir a la humillación constante con el uso de adjetivos calificativos, eso solo habla más del mensajero que del mensaje.

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